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—— SIMPOR PHARMA
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—— IATEC, la Argentina
—— Mohammed Saad
En entornos controlados como la fabricación de productos farmacéuticos, la fabricación de semiconductores y la investigación biotecnológica, las salas blancas modulares exigen ventilación de precisión para mantener la calidad del aire, el confort térmico y la eficiencia energética.
El desafío principal radica en lograr un equilibrio óptimo entre la ingesta de aire fresco (FAI) y las tasas de recirculación, dos variables interconectadas que impactan directamente el control de la contaminación, los costos operativos y el cumplimiento normativo.
El aire fresco cumple tres funciones críticas en las salas blancas modulares: diluir los contaminantes transportados por el aire, reponer oxígeno para el personal y compensar las pérdidas de aire de los sistemas de escape o los requisitos de presurización. Los estándares regulatorios como ISO 14644-1 y las pautas GMP exigen tasas mínimas de FAI para garantizar que la calidad del aire interior (IAQ) cumpla con los umbrales de seguridad. Por ejemplo, la norma ISO 14644-1 especifica que las salas blancas deben suministrar suficiente aire fresco para limitar los niveles de dióxido de carbono (CO₂) por debajo de 1000 ppm, lo que normalmente se traduce en 20 a 30 metros cúbicos por persona por hora. Sin embargo, un FAI excesivo aumenta el consumo de energía de calefacción, ventilación y aire acondicionado (HVAC), ya que el aire entrante requiere acondicionamiento para que coincida con los estrictos parámetros de temperatura y humedad de la sala blanca.

